Cómo ser inmortal

“Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”

Génesis 3:4-5.

La inmortalidad es una de las principales metas del Hombre desde sus más remotos orígenes. La vida, distribuida en sus múltiples formas y genéticas, tiende a ser perseverante y no acepta achaques tan “naturales” como un sarampión que pueda costarle la existencia. De ahí nuestro interés por la medicina cuyo objetivo final no sería otro sino el alargamiento “artificial” (o digamos cultural) del propio individuo en el tiempo.

Cuando la existencia del alma fue removida de la palestra de Ideas donde reinaba con mano de hierro supimos que los pensamientos estaban regidos por chispazos neuronales entre las sinapsis: todo un cóctel bioquímico. Eso explica cosas tan mundanas como el descontrol mental en las borracheras por los efectos del alcohol en sangre al expandirse por el cerebro. Así que finalmente derrocamos un mito idealista, el ánima, y apreciamos la mente como un módulo cerebral más.

Teniendo todo esto en cuenta podríamos suponer que nuestra personalidad está almacenada e influida por operadores que reposan bajo nuestro cráneo. Y, si éstos forman parte del mundo natural, ¿por qué no vamos a impedir que degeneren y se extinga nuestra personalidad al morir? Ese es el camino optimista emprendido por organizaciones sin ánimo de lucro que se dedican a la criogénica; esto es, la vitrificación (como la congelación pero sustituyendo el agua por un químico anticongelante) de cuerpos para evitar que se descompongan o exista una muerte neuronal (a los quince minutos de dejar de funcionar el organismo) y, esperando en teoría, resucitarlos en el futuro con la nanotecnología, por ejemplo. Alcor es la más importante pero ya hay otra funcionando en Rusia.

¿Da miedo? Realmente sobre estos peliagudos temas hay mucha leyenda urbana y aquí incluyo los rumores sobre el congelamiento del cadáver de Walt Disney, algo totalmente desmentido. O que la criogénica es para los ricos, lo que es falso. La mayoría de los pacientes provienen de las clases medias y no son adinerados precisamente. Hay dos modalidades: la preservación de todo el corpachón o sólo la cabeza como en la serie Futurama, ésta última más económica y preparada.

No obstante no se han podido evitar las críticas de varias fuentes, además de las consabidas religiosas, morales, etc. también hay científicas. Alegan que no es falseable y lógicamente lo es tanto como planear un futuro viaje a las estrellas: es un problema de índole tecnológica más que un nuevo fenómeno natural. Medita y verás que las otras opciones son la incineración o la urna, algo nada alentador, ¿verdad? En una particular apuesta de Pascal (aquí al menos hay un 0.1%, en las demás 0.0%) no está de más arriesgarse a ver si toca la lotería de la inmortalidad que ha hecho soñar a tantos. Al final la serpiente de la Ciencia nos acabará, en efecto, convirtiendo en dioses hechos y derechos; porque la tecnología avanzada es indistinguible de la magia como diría el gran escritor de ciencia ficción y propulsor del proyecto SETI Clarke. ¡Larga vida, lector!

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