Así que voy a colgar un vídeo donde juego de manera muy novata con los aguerridos macedonios, supuestos hijos de Heracles, contra los rápidos y ágiles partios. O persas sasánidas. Vamos, los descendientes lejanos de los persas de Jerjes, el dragqueen de 300, pero en otra dinastía.
El enemigo, como podéis contemplar, es muy superior en número pero la infantería persa de escudos de pana y mimbre es más blanda que una almohada de mantequilla. Lo admito: los elefantes y los catafractos (esos jinetes que aparecen repletos de metal hasta las muelas) son duros de pelar.
Pero lo demás es una rosaleda triunfal. ¿Crees que la táctica fue la correcta?











