Los curiosos transgénicos: tercera parte

Baudelaire escribió en 1857 su genial poemario Las flores del mal . Y en la actualidad según algunos no sólo hay flores malvadas, sino uvas, limones y kiwis que saben a no-kiwi, con una vehemencia que recuerdan a los debates medievales sobre si era correcto desviar un río “que Dios había puesto ahí desde el principio de los tiempos”. La tecnología, y en ella incluyo el más vil arado también, ayuda a salvarnos de un ambiente hostil: no hay una prístina armonía en una selva vistiendo taparrabos, todo lo contrario: frío, hambre, peligros y serpientes venenosas que acechan en cada sombra de liana. Las ventajas de los transgénicos, que altera los corazones verdes, inflamándolos a que digan proclamas como “¡recordad Chernóbil! Ah, no, ese lema era para la manifa antinucleares, perdón” son abundantes y muy generosas. Las leyendas (urbanas) de nuestro tiempo son: “comer productos transgénicos puede convertirnos en mutantes o zombies sedientos de sangre” (depende de la fuente) y “las centrales nucleares son dañinas y los residuos muy poco wonderfulosos, feos y verdosos, y tan energéticas como el Fary masticando una pila duracell”. Nos relatan cuentos de terror de los años setenta sobre la degeneración radioactiva, o barriles de uranio que aparecen en la playa y cuestiones así. Ese “miedo a lo nuevo” se presentó cuando inventamos el avión (“no va volar o puede ser peligroso viajar en uno a más de 30 km/h”), la televisión (“no tendrá mucho futuro”), la radio (“destruirá la industria musical”) y hasta las vacunas (“¡nos convertiremos en vacas!”).

El futuro transgénico tiñe nuestro porvenir con el ketchup de la reducción de los pesticidas; un pico épico de la productividad, el suelo no sufrirá tanto ni necesitará camiones atiborrados de fertilizantes y los países en vías de desarrollo se pueden beneficiar de todo ello, si la benemérita Unión Europea de la paz mundial y el Himno de la Alegría (¡que compuso Beethoven en su etapa misántropa!) se lo permite. En conclusión, todavía no hay métodos para convertirse en lagartijas hiperiónicas pero ya se verá. Los tomaticos de dimensiones enaniles, usados por locos en sus competiciones de ping-pong, dejan a la luz un posible horizonte soleado y de buen rollo en cuanto a los nuevos avances de la ciencia, escritos y resumidos en los papeles científicos interesantes que se deshojan de revistas de tirada no tan masiva como Nature o Science.

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